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Welcome 2010

Welcome 2010

ano-lectivo

Ya es oficial, un nuevo año lectivo ha comenzado y lejos parecen haber quedado las vacaciones.

Hace tan solo 15 días comencé a conocer a los nuevos seres que me acompañarán a lo largo del 2010. Llevo aprendidos más de 90 nombres, que casi siempre los relaciono con las caras correspondientes, debo los apellidos todavía.

En estos primeros días, es común querer llamar a un alumno cuyo nombre comienza con “J”, como Juan, Juani, Juampi, Juanito, Juanma o derivados y terminar nombrando a las 7 combinaciones de “Juanes” antes de llegar al indicado. Ni hablar cuando un alumno levanta la mano, lo miro, le hablo fijo y escucho que la voz que me responde viene de la otra punta del aula. El hecho de que el alumno al cual miraba  siga con su mano levantada era un indicio de que le erré al nombre, sin duda.

Paciencia, ya voy a asociar todos los nombres con los perfiles correspondientes y ahí van a querer que los confunda.

¿Tres semanas pasaron nada más?

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Bye bye 2009

Bye bye 2009

Bye bye kids

teddy

Diciembre. Mes de corridas, mes de reencuentros, mes de preparativos, mes de festejos, mes de calor y, lamentablemente, mes de despedidas.


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Shoelaces

Shoelaces

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“Tie up your shoelaces, please!” ¿Cuántas veces hemos repetido esta frase? En la entrada, en el recreo, en la fila, en las escaleras, en el aula, en la salida y hasta en la calle. Debo confesar que más de una vez le sugerí a un chico desconocido en el medio de la calle que se ate los cordones. ¿Estoy totalmente desquiciada? Me gustaría pensar que no y de paso analizar qué sucede cuando se le solicita a un niño que cumpla con tan sencilla consigna.

La respuesta por excelencia es: “no sé atarme los cordones”. Existe una amplia variedad de reacciones frente a esta situación, más aún si uno no tiene ganas de agacharse por décimo novena vez en el día.

Podemos indicar que ya tienen edad suficiente y es hora de aprender a atarse los cordones por su cuenta. Que intenten hacer un nudo lo mejor posible como para que no se les salga el zapato y no se tropiecen con el excedente del cordón. Esto suele entretenerlos un buen rato y los resultados son verdaderamente graciosos.

Otra posible solución consiste en aprovechar la habilidad de aquellos pocos que si saben atarse los cordones y no solo pedirles que lleven a cabo la tarea sino también que le enseñen a sus compañeros la tan difícil labor. Parece que no, pero de a poco el aula se va poblando de seres con capacidad para atarse solitos.

Y para aquellos niños que les cuesta horrores y ya hemos intentado explicarles de las maneras más didácticas, desde la teoría del conejo con sus orejitas hasta la del moño que envuelve nuestros deditos e incluso sus compañeros se niegan a perder un segundo más de su tiempo ante dicha situación, restan decir 3 palabras… zapatillas con velcro!


Tooth Fairy

Tooth Fairy

tooth-fairy

“¡Miss, se me cayó un diente!”

Debido a que trabajo con chicos qué están dando sus primeros pasos en la escuela primaria, es común que se les caiga algún diente en el colegio. He podido comprobar que ese diente viene en diversas presentaciones.

Sin lugar a dudas, su mejor versión es cuando ya otra persona lo envolvió y lo pegó en el cuaderno de comunicaciones seguido de la frase: ¡Buenas noticias para el Ratón Pérez! Ahí es cuando más felicidad me da por la nueva ventanita.

En orden de apariencias, le sigue el diente lavadito que nos toca pegar en el cuaderno. Nota mental: pegarlo tan pronto como sea posible. Me encuentro en condiciones de afirmar que encontrar algo chiquito, blanco y delicado entre tantos niñitos llenos de energía es prácticamente onírico.

Por último, la versión más desagradable es aquella que viene sin introducción alguna. El alumno se acerca, toma nuestras manos y ese es el lugar que elije para expulsar una buena cantidad de saliva mezclada con sangre que alberga un pequeño detalle que solía ser blanco. Uaghhhhhh!!!!!

Sinceramente me pregunto ¿Por qué la gran mayoría elije esta última? Exijo que el Ratón Pérez pase por mi casa ¡Merezco una comisión!

Concert Time!

CONCERT TIME

BEHIND THE SCENES

La palabra CONCERT despierta en mi persona una serie de sentimientos encontrados. Por un lado, recuerdo la satisfacción de años previos luego de finalizado el evento y por otro, vienen a mi memoria los estresantes días previos al gran suceso. Es que organizar un Concert no es tarea fácil y lidiar con los ensayos mucho menos.

Cada vez que me veo en el salón de actos del colegio, sobre un escenario dando instrucciones me pregunto cómo terminé allí ¿No había estudiado profesorado de inglés acaso? ¿Quién hubiese imaginado que el combo incluía clases de baile y actuación? Y si, cuando uno ve que un alumno tiene que actuar de fantasma y da menos miedo que el Ratón Mickey, sale de adentro pedir que le ponga emoción, que se comprometa con el personaje e intente verdaderamente asustar a alguien.

Ni hablar de las coreografías ¡No me siento capaz de bailar ni en un casamiento y de repente soy coreógrafa! Un grupo de 30 chicos copiando los pasos patéticos que intento sacar de internet o de las sugerencias que se aceptan de… de quien quiera aportar un paso! Pero ojo, no cualquier paso, porque hay que tener en cuenta que están en una etapa en la que no se quieren dar la mano, ni siquiera rosar, y ahí es cuando uno les explica: ¡Están bailando ROCK, no te podés tirar al piso y girar solo como una calesita porque eso es HIP HOP! Pero es en vano…

Sumado a todo esto, uno también se convierte en una mezcla de vestuarista y Lita de Lazzari. Porque al pensar los disfraces hay que tener sentido común, no pedir nada extravagante. Y obvio, primero recorrer el mercado para poder asegurar que el disfraz de “cubo” no es taaaan disparatado, aparte es súper económico. Porque si vamos a la fábrica de cajas en once y pedimos cartón en cantidad es una ganga.

Para darle un toque de color al Concert, no podemos olvidar el tan trillado recurso al cual se le ha rendido culto en los últimos años. Las presentaciones power point o unos videítos simpatiquísimos en los cuales podemos ver como los chicos ensayan. Obviamente, en este caso hemos optado por ambos para pelear en los ensayos y el mismo día del acto con la computadora, el proyector, los parlantes y derivados.

A esta altura estamos en condiciones de afirmar que preparar un Concert es verdaderamente agotador. Sin embargo, tantas semanas de preparación, nervios, estrés, y angustia parecen valer la pena, solo por ese segundo en el que se los ve bajar del escenario con tanto orgullo y satisfacción. Y uno piensa por dentro… ¡ya hay que empezar a pensar el del año próximo!